“SOMOS MÁS INCOMPETENTES DE LO QUE PENSAMOS”

15 abr

Compartimos la Entrevista al profesor Gabriel Ginebra que ha publicado la agencia de noticias Zenit. Si no habéis tenido la oportunidad de leer Gestión de Incopetentes, os invito a visitar el blog de Gabriel para disfrutar de un anticipo.

BARCELONA, jueves 7 de abril de 2011 (ZENIT.org).- “Los niños deberían estar más presentes en las oficinas, pero también las personas mayores, y las que no tienen estudios y los talentos medios; y los tímidos y los que no saben idiomas; y las madres de familia que han dejado de trabajar durante algunos años. Si no lo hacemos así perderemos mucho talento: recuerdos, experiencias, contactos…”.

Lo revela en esta entrevista el profesor, consultor, formador de directivos y padre de familia Gabriel Ginebra, autor de “Gestión de Incompetentes: un enfoque innovador de la gestión de personas”, http://www.librosdecabecera.com/gestion-de-incompetentes, un libro que está causando impacto en los ambientes del management.

Doctor en organización de empresas y MBA por IESE, actualmente es profesor de Habilidades Directivas en la Universitat Abat Oliba-CEU en Barcelona. Es máster de Matrimonio y Familia por el Instituto Juan Pablo II y padre de siete hijos.

- El reconocimiento de la incompetencia, propia y ajena, es el principio del aprendizaje, dice usted. ¿Sí?

Gabriel Ginebra: Es el principio socrático de la sabiduría del “sólo sé que no se nada”, que cada día verificamos con signo inverso en empresarios, intelectuales y políticos, que cegados por sus logros se niegan a reconocer sus errores y a aprender. No quiero poner ejemplos. El entorno actual de crisis ha dejado mucho al descubierto, aunque todavía tienen que caer muchos del caballo.

Por otro lado sólo cooperaremos a fondo y crearemos equipo si estamos convencidos –y es muy difícil- que nuestros colegas son superiores en muchos aspectos. Este es el fundamento ontológico de toda organización, como ya dijera Chester Barnard hace casi un siglo. En un mundo de hipercompetentes todos lo saben todo y nadie necesita de nadie; es un mundo de dioses, pero solitarios. Y no me estoy refiriendo a las leyendas griegas, sino a reinos y leyendas que pueblan nuestros centros políticos, mediáticos y empresariales.

En nuestras ricas sociedades occidentales –también en los ambientes más católicos- se ha olvidado que el hijo de Dios nació pobre, y cómo María llega a ser la reina del universo al reconocer su nulidad. La máxima competencia y la máxima incompetencia se dan la mano de forma paradójica, dialéctica y espectacular. Dios es muy divertido. El discurso de la excelencia lleva a extremos cómicos. ¡Me gusta ver llorar a un director general!

- Entonces yo soy incompetente, usted es incompetente… ¿dónde vamos a llegar?

Gabriel Ginebra: Estaría bien llegar a empresas pobladas por gente corriente, dónde se descubren talentos entre “la gente de toda la vida”; dónde se puede ser profeta en la propia tierra. Dónde llamarse Pérez o Díez dé prestigio: con estos bueyes hay que arar. Hay que pensar en cambiar a las personas antes que pensar en cambiar de personas.

Estaría bien llegar a un ambiente profesional dónde no esperemos mirlos blancos, dónde los empleados –como el buen vino- se valoran más con el tiempo. Donde reconocemos envidias y problemas de ego, pero también sabemos perdonar y reconciliarnos más de setenta veces. Como digo en el libro, somos más incompetentes de lo que pensamos, pero tenemos más potencial del que creemos.

El discurso de la excelencia lleva en cambio a la exclusión del empleado que se equivoca, condenándonos a un continuo recomenzar con inexpertos. A una cultura del miedo, en la que la simple llamada del jefe nos pone en guardia, y a una bola de nieve de verdades maquilladas que acaban convirtiéndose en procesos empresariales mentirosos. En las supervisiones de seguridad de la planta nuclear de Fukushima se falsearon 200 informes. Se consideraban invulnerables.

- Ponga un niño en su oficina, dice usted. ¿En qué mejoraríamos si siguiéramos su propuesta?

Gabriel Ginebra: Los niños son completamente encantadores –tengo en casa un rubio de año y medio- pero son también perfectamente incompetentes. Su sola presencia impone el valor absoluto de una persona, y remarca la función relativa de toda actividad económica. Paciencia, ilusión, expresividad, originalidad, aprendizaje, buen humor son otros tantos valores que irradia un niño pequeño.

El trabajo y la familia son los ejes de una vida. Y aunque se habla de conciliación, deberíamos hablar más bien de contaminacion, porque ambos pesos cargan la misma espalda. El jefe hace que lleguemos maldiciendo a casa, como también nuestras frustraciones personales tiñen de melancolía el quehacer del martes por la mañana.

Todo director debería saber –aunque sólo fuera para evitar sorpresas- que un empleo que no satisface las necesidades profundas personales y familiares del empleado no resulta sostenible a medio plazo. Por más poderoso, remunerado y brillante que parezca, es un trabajo de baja calidad, como ha denunciado la Caritas in Veritate.

Deberíamos arrancar la careta del mito global del joven ejecutivo, para descubrirlo como es: alguien de más edad (dice Aristóteles que los jóvenes pueden ser buenos matemáticos pero no buenos políticos), alguien que proviene de una ciudad y una familia concreta, alguien necesitado sobre todo de reconocimiento y afecto.

Los niños deberían estar más presentes en las oficinas, pero también las personas mayores, y las que no tienen estudios y los talentos medios; y los tímidos y los que no saben idiomas; y las madres de familia que han dejado de trabajar durante algunos años. Si no lo hacemos así perderemos mucho talento: recuerdos, experiencias, contactos, etc .

Felicito, en este sentido la actual Ley de Integración Social de Minusválidos (LISMI), que obliga a incorporar un 2% de discapacitados en plantilla. Dirijo estudios sobre la transformación cultural que produce la presencia de estas personas en las oficinas.

Estas propuestas van en la linea de entender la empresa como comunidad de personas, tal como nos sugiere la última encíclica, y el proyecto de Economía de la Comunión de los focolares trabajan desde hace años. Si nos fijamos, la familia es un modelo, dónde se hace un esfuerzo por buscar para cada uno su talento y su acomodo.

- En las empresas hay mucho malhumor, hastío, agotamiento… ¿qué falta?

Gabriel Ginebra: Falta paz. Decía Raimon Panikker que la felicidad es inversamente proporcional a la aceleración. Los jefes viven estresados sin responsabilizarse de su consecuencia, perdiendo horizonte. Falta tiempo para pensar, y para mirar a los empleados a los ojos. Aunque la web corporativa declare que las personas son el principal activo. Dime de qué presumes y te diré de lo que careces.

Queremos hacer demasiadas cosas y demasiado pronto, y así siempre vamos tarde. No me resisto a acudir a Juan Ramón Jiménez “si vas a prisa/ el tiempo volará ante ti/ como una mariposilla esquiva./ Si vas despacio/ el tiempo irá tras de ti/ como un buey manso”.

En nuestras sociedades opulentas el estrés crónico es patológico. En un antiguo escrito Joseph Ratzinger interpretaba esta asfixia contemporánea como un castigo a lo Sísifo, por olvidar la orientación sabática de todo trabajo y de la creación.

Desarrollo el concepto de Líder Pacífico –espero que sea mi próxima obra. Un directivo que cuida el ritmo, que practica la sabiduría del tiempo para cada cosa; que “hace lo que debe y está en lo que hace” –como resumía san Josemaría la santidad.

Un líder prudente, que persigue las virtudes olvidadas del silencio, la sonrisa, la generosidad, el orden, la perseverancia, la sinceridad… la humildad. Que reconoce los propios errores y tolera los defectos del prójimo. Que domina su oficio y ama su trabajo.

- Es padre de familia numerosa. ¿En qué aspectos le sirve su capacidad de organización y logística familiar aplicados a la empresa?

Gabriel Ginebra: Tiene gracia la relación que planteas. En la película “El negociador” Kevin Spacey gestiona con éxito el rescate de 50 rehenes, mientras no logra que su hijo de 8 años acceda a salir de su encierro en el lavabo de casa.

Mis amigos me preguntan cómo me las arreglo para tener siete hijos y escribir libros. Me gusta responder que el número máximo de hijos que alguien puede soportar es uno menos de los que ya tiene. Aunque la gente por la calle en Barcelona te señale y admire secretamente, hace tiempo que tengo la sensación de andar rebasado, de vivir de intentos, de no hacerlo bien. El hecho de escribir un libro de Gestión de Incompetentes no excluye que me considere uno de ellos. Mi mujer dice que el Gabriel que ve en el libro es mucho mejor que el Gabriel con el que vive. Estoy de acuerdo con ella.

- ¿Y llegar a fin de mes cómo se consigue?

Gabriel Ginebra: Con la crisis, en verdad si lo pienso no llegamos. Alguien ha dicho que la nueva definición de proletario debería ser: autónomo padre de familia numerosa. Pero también tenemos la experiencia magnífica de comprobar que el Padrenuestro funciona. El pan nuestro de cada día acaba llegando, aunque Dios como guionista de thriller hace que las cosas no se arreglen hasta el último minuto.

Me inspira la vivencia de Charles Peguy que ante las dificultades familiares, ante la llamada de la guerra, acude a un santuario de la Virgen y abandona a sus hijos allí. Mi padre suele decir –y somos doce hermanos- que cada hijo ha sido un acto de confianza en Dios. No hay otra opción lógica. A partir de cierto número, tienes que despreocuparte de muchas cosas, no tienes más remedio que confiar en Alguien que sabe más.

El reto de levantar un solo hijo supera por mucho la capacidad de cualquier matrimonio. Me parece que va por aquí la lección de fondo de los tiempos recios que nos toca vivir.

Por Miriam Díez i Bosch

Fuente: http://www.zenit.org/article-38873?l=spanish

Más información en http://gestiondeincompetentes.wordpress.com/


KPMG prevé una fuerte demanda de profesionales de la RSE en los próximos años

8 abr

En una entrevista reciente con el International Business Leaders Forum (IBLF), Barend van Bergen, de KPMG, afirmó que el número de puestos de trabajo en el Área de la RSE y la sostenibilidad experimentará un fuerte crecimiento en los próximos años, recoge un artículo del blog de `Forbes´.

Como director del Centro Internacional de Excelencia de Cambio Climático y Sostenibilidad de KPMG, habló sobre cómo la sostenibilidad es una “mega-tendencia” hoy en día no sólo para esta firma de servicios profesionales, sino para la economía mundial.

Sobre el estado actual de la sostenibilidad explicó: “Hace diez años la sostenibilidad era una cuestión emergente y secundaria, pero hoy es un punto central de la agenda y constituye un criterio clave a tener en cuenta en cualquier toma de decisiones”.

De cara al futuro, “habrá mayor regulación y los mercados emergentes se volverán más activos en sostenibilidad, y también los mercados de capitales y el sector financiero serán más activos en esta materia en los próximos años”.

En cuanto a las oportunidades de trabajo en el ámbito de la RSE, Van Bergen cree que la demanda de profesionales crecerá. “En KPMG estamos buscando estos profesionales. El sector financiero principalmente, y el sector empresarial en su conjunto, protagonizarán una fuerte demanda de profesionales de la RSE”.

“Necesitamos gente que entienda el cambio climático, el agua, pero también los derechos humanos; y que pueda dar sentido a la sostenibilidad y atraer a otras personas procedentes de mercados emergentes”.

Fuente: Compromiso RSE

 

Los siete enemigos de la supervivencia de la empresa

5 abr

Hoy he leído dos artículos que mencionan a uno de los mayores expertos en Talento, Liderazgo y Coaching: Juan Carlos Cubeiro, Presidente de Eurotalent – Consultor, Coach, Conferenciante y Escritor.

Esta es la mención que aparece en la Editorial de la revista Capital Humano de este mes, en la que José Antonio Carazo (Director de Capital Humano) nos habla del Elogio de la indignación:

… Juan Carlos Cubeiro, en la conferencia de clausura de EXPO-DP, exponía su teoría de la Serempatía (Serendipia + Empatía). Uno de los puntos es “Defiende la dignidad y la indignación”. Hay que ser inconformista, revelarse y mover a la acción.

Podéis leer el artículo completo en la revista Capital Humano, N.º 253, Abril 2011. Accede a la edición digital haciendo clic aquí o accediendo al Blog de José Antonio Carazo.

Además, hoy se publica este artículo en el boletín de RRHH Digital:

Si a estas  alturas de la película, con más de 3’5 años de crisis económica, su empresa y usted mismo no se han tomado en serio el coaching como desarrollo personalizado, francamente, y con todo cariño, no le auguro nada bueno. Este periodo de incertidumbre debería habernos llevado a una mayor reflexión y acción, a servir mejor a nuestros clientes (precisamente porque tenemos menos, pueden gastarse menos en nosotros y disponemos de más tiempo para atenderles), a innovar más que nunca (el miedo nos ha hecho ser excesivamente conservadores en lugar de sorprender positivamente al mercado con nuevos productos y servicios), a trabajar verdaderamente en equipo (como nos demuestra el deporte de alta competición, un equipo no se improvisa) y a desarrollar el talento (para que dé lo mejor de sí mismo desde su capacidad y su compromiso, y no sufra el desgraciado absentismo emocional que es hoy tan común).
En estos tiempos los “siete pecados capitales” que históricamente han sido sinónimos de la falta de virtud se han instalado en muchas organizaciones de una forma casi imperceptible, con la excusa de la crisis. Si no los desenmascaramos, será muy difícil salir adelante:

-La avaricia: Esta es una crisis de codicia, de abusar de un modelo económico que ha generado una burbuja (inmobiliaria, financiera) que antes o después tenía que estallar. Nos han hecho creer que el propósito de las empresas era “ganar dinero”, cuando este resultado es como respirar. El verdadero sentido de toda organización es su supervivencia en el cumplimiento de sus fines, y no maximizar el beneficio. Una trampa mortal.

-La gula. Acaparar por acaparar en un entorno de recursos limitados no sólo es absurdo, sino insano. El paradigma eficaz es compartir y generar beneficio mutuo, no aprovecharse de los demás. Con los clientes internos (nuestros profesionales) y los clientes externos (el cliente final) el modelo de relación ha de ser de generación real de valor, no de pelotazo.

-La envidia. Es la admiración la que provoca el auténtico aprendizaje. Promover la desconfianza, cuando no la rivalidad interna, merma posibilidades a la empresa. La empresa no es una democracia ni mucho menos una tiranía. Ha de ser una meritocracia en toda regla, desde la selección a la desvinculación, pasando por la descripción del rol, la comunicación, la gestión del desempeño, la promoción o la retribución. Cuando hay mérito en el talento, la envidia está fuera de lugar.

-La ira:
En esta crisis, los directivos con falta de serenidad han campado a sus anchas. Craso error. Necesitamos más autocontrol que nunca, para no caer en la disforia (en el desánimo) ni tampoco en la euforia en los buenos momentos.

-La lujuria. Entendámosla no en su aspecto sexual, sino de aprovechamiento del otro. La falta de humanidad, de respeto por los demás, se traslada del servicio al cliente interno al servicio al cliente externo, Los clientes insatisfechos responden no sólo no repitiendo en la compra ni renovándola, sino haciendo referencias negativas a terceros. Un cliente al que se le ha superado su expectativa es el mejor comercial que podemos tener.

-La soberbia. Uno de los mayores activos intangibles de la gestión empresarial es la Humildad, entendida como capacidad de aprender al menos tan rápidamente como cambia el entorno. Abundan los directivos y las empresas autocomplacientes, que creen (aunque no lo digan, porque es políticamente muy incorrecto) que no necesitan aprender nada más, que saben más que nadie.

-La pereza. Esta crisis ha sido una  perfecta excusa para los que no querían poner la energía suficientemente en transformar sus organizaciones. “En tiempos de tempestad, no hacer mudanza”, dicen que dijo Ignacio de Loyola. La frase es incompleta: “…pero haz lo que tengas que hacer”. Que no es, precisamente, ser perezoso.

-Las empresas que así se comportan, o se han comportado, en el pecado llevan la penitencia, que no es otra que su desaparición. La esperanza de vida de las compañías se han reducido drásticamente, y no sólo en nuestro país. Qué lástima. Si la vida les hubiera dado una segunda oportunidad, seguro que habrían invertido tiempo, dinero  y esfuerzo en desarrollar de verdad a sus directivos y a su organización en su conjunto.

El ser humano es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra. También es el único capaz de convertir un error en una útil fuente de aprendizaje. De nosotros depende.

 

Podéis consultar más datos sobre Juan Carlos Cubeiro en los siguientes enlaces:

Eurotalent

Blog de Juan Carlos Cubeiro

Juan Carlos Cubeiro en EXPO-DP | Hoy puede ser un gran día…

 

 

Voluntarios de Telefónica recorren Madrid en bici junto a jóvenes con discapacidad de la Fundación Deporte y Desafío

18 mar

La Fundación Deporte y Desafío, con la colaboración de la Fundación TELEFÓNICA celebrará mañana, sábado, una carrera ciclista en Madrid en la que voluntarios de operadora telefónica acompañarán a jóvenes con discapacidad.

El objetivo de esta iniciativa, que contará con la participación de 15 jóvenes con discapacidad de la Fundación Deporte y Desafío, es fomentar la integración social a través del ciclismo adaptado. Para ello, ambas entidades facilitarán a los ciclistas con discapacidad todo el material necesario para que puedan participar en la actividad.

La cita es a las 9 de la mañana y los participantes harán un recorrido de unos 10 kilómetros por el Anillo Verde de Madrid, desde Canillejas hasta Las Tablas. Participarán personas con discapacidad física, intelectual y sensorial con edades comprendidas entre los 10 y los 60 años.

El trabajo de los voluntarios de Telefónica será el de acompañar, apoyar y supervisar a los participantes durante el desarrollo de la actividad, que concluirá sobre la una de la tarde con un aperitivo a la llegada y con la entrega de diplomas y regalos para los participantes.

Además, durante el desarrollo de la carrera un coordinador se encargará de cada uno de los grupos participantes, que realizarán las reagrupaciones y paradas necesarias durante el recorrido, y una bici escoba irá cerrando cada uno de los grupos.

Esta actividad forma parte del voluntariado corporativo que lleva a cabo la Fundación Telefónica con aquellos trabajadores con ganas de colaborar en actividades solidarias.

Fuente: RRHHDigital

100 errores en la dirección de personas

17 mar

Dirigir un equipo es muy complejo. Como nadie nos enseña a dirigir, es normal que caigamos en determinados errores. La experiencia nos va enseñando, lentamente, a evitar algunos de ellos. Pero el libro de José Mª Acosta nos ahorra una buena parte del camino. Su experiencia como consultor no proporciona una guía para librarnos de un centenar de las trampas que nos acechan.

A veces bajo la apariencia de decisiones o de actividades de pura lógica que resultan no serlo tanto. Es una amplia visión de lo que no debe hacer un directivo; y sobre todo, como no caer en esas trampas y actuar con más eficacia. Enseña a librarse de malos hábitos, de errores o de comportamientos mejorables.

Los cien errores están agrupados de acuerdo con las funciones y cometidos más importantes de la dirección: estrategia, estructura, liderazgo, inteligencia emocional, motivación, comunicación, uso de los móviles, del correo, delegación, dirección de reuniones, análisis de problemas, toma de decisiones, gestión del tiempo, negociación, manejo del estrés y calidad total.

Con estilo claro y ameno, con profusión de ejemplos, el libro expone no sólo los errores, sino la forma de evitarlos y realizar una dirección moderna, apoyada en aportaciones continuas de lo que cabría llamar nuevas tecnologías sociales como la inteligencia emocional y la PNL (programación neurolingüística), que revolucionan lo que hasta no hace mucho considerábamos lo mejor. La delegación y la dirección de reuniones también se ven modificadas. Y es preciso replantearse el uso de nuevas herramientas tecnológicas como el móvil y el correo electrónico cuyo manejo no siempre es el más adecuado y eficaz.

 

Fuente: Capital Humano

 

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